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Stephen Frears
Al igual que Mike Hodges, el director británico que recibió un homenaje en la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, Stephen Frears es un realizador excepcionalmente modesto. No tanto en relación a sus logros, ya que es, sin duda, uno de los directores más exitosos y admirados de las últimas décadas en la Gran Bretaña, sino en cuanto a su actitud hacia su papel en el proceso de creación fílmica. Seguramente Frears nunca aceptaría el encumbrado título de “autor”; lo que es más, frecuentemente menciona que depende de buenos guionistas y, cuando se le pregunta sobre su aportación personal a una película, tiene la agradable tendencia a encogerse de hombros –como si la pregunta le incomodara o confundiera– y responder con una sonrisa: “Realmente, no lo sé”.
La verdad es que sabe perfectamente qué le aporta a una película y puede ser muy elocuente al respecto; sus alumnos en la Escuela Nacional de Cine y Televisión de la Gran Bretaña no son los únicos que pueden dar fe de su capacidad inspiradora. Frears es, en realidad, un cineasta profundamente pragmático que prefiere no hacer alarde de su trabajo, que, según él, no es más que encontrar solución a los problemas fundamentales de narrar una historia, comprender a los personajes y adentrarse en un lugar, una época o una comunidad.
Es la razón por l que sus mejores películas son siempre tan auténticas; no importa si se realizaron para la televisión (una gran parte de su obra fue hecha para la BBC o para el Channel Four) o para las salas cinematográficas. A Frears le tiene sin cuidado expresar una gran visión sobre la vida, el mundo o el cosmos; lo que le interesa es que sus películas funcionen en términos de la acción de los personajes, sus pensamientos, sus emociones y su relación con el mundo que los rodea. Por ello, La reina es una película muy lograda. Fuera del círculo íntimo de Su Majestad, nadie tiene idea de cómo son realmente Elizabeth Windsor y los demás miembros de su familia –yo no la tengo, el guionista Peter Morgan no la tiene y Stephen Frears tampoco. No obstante, basado en el guión de Morgan y con ayuda de actores muy talentosos, el director no sólo logra un retrato verosímil de qué clase de seres humanos podrían ser algunos miembros de la realeza, sino algo que es mucho más difícil e importante en términos de creación artística: cómo podría ser su vida. Después de todo, estas personas están sumamente alejadas de la experiencia cotidiana que vivimos todos los demás.
Pero hay algo más en La reina. Sin hacer hincapié en ello, Frears convierte una pequeña historia sobre un período breve en la vida de unos ingleses muy ricos y famosos en una sutil reflexión sobre aspectos inquietantes del mundo moderno: no sólo nuestra obsesión por la fama, sino las consecuencias sociales, políticas y éticas que conlleva nuestra creciente dependencia en las imágenes de la televisión y los chismes de tabloide. Entre otras cosas, La reina insinúa que algunas personas, incluyendo quizá a políticos prominentes, no distinguen claramente entre la apariencia y la realidad. Algunos de nosotros creemos que “conocemos” o “amamos” a extraños, como a Diana. Hay una gran incapacidad o una resistencia, ampliamente difundida, para distinguir lo que es real de lo que es falso. No sólo en cuanto a lo que está frente a nosotros, lo que podemos ver u oír, sino lo que tenemos adentro, lo que sentimos. ¿Debemos confiar en nuestras emociones a pesar de que pueden estar sujetas a la manipulación de los medios? Es un tema muy complejo y espinoso para abordar en una película tan modesta.
No estoy diciendo que Frears tenga un sesudo argumento filosófico o mensaje moral que transmitir en esta película; más bien, ésta nos da mucho en qué pensar, aún cuando nos reímos de los chistes y comprendemos un poco qué significa ser un extraño cuando se nace dentro de la realeza. La reina surge cuando Frears está en su mejor momento, pero muchas de sus virtudes también son características de la habilidad del director para abordar un tema sencillo y convertirlo en algo más rico y relevante, a la vez que contar una historia fascinante.
Las películas en este pequeño homenaje son el resultado de un talento poco común, muy especial, que le permite hacer algo muy complicado aunque parezca sencillo.
GEOFF ANDREW
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Nació en Filadelfia en 1922. Además de su estado natal, también creció en Nueva York. Durante la secundaria apareció por primera vez en un escenario; también trabajó como anunciador radiofónico. En 1943 se convirtió en soldado y estuvo activo durante la batalla de Ardennes. De 1945 a 1947 fue miembro de una compañía de teatro del ejército que trabajó en Wiesbaden y París. Realizó estudios de filosofía y psicología en el colegio de vanguardia, Black Mountain College, en Carolina del Norte, en 1947; después continuaría sus estudios en Perugia y en Florencia. En 1951 hizo prácticas profesionales en la televisión y en 1953 debutó como director de televisión. Se casó con la actriz Peggy Maurer en 1955 y en 1958 hizo su aparición cinematográfica con The Left-Handed Gun, adaptación de una novela de Gore Vidal. Fue asesor de John F. Kennedy antes de sus debates televisivos con Richard Nixon. Recibió su primera nominación al Oscar para Mejor Director en 1963, por The Miracle Worker. Siguieron más nominaciones por Bonnie and Clyde (1968) y Alice’s Restaurant (1970). Estas dos últimas obras y Little Big Man están entre los filmes más famosos de Penn. Desde su debut en Broadway, en 1959, Penn ha trabajado casi siempre como director de escena. En 1970 se involucró en el Actor’s Studio y a principios de los noventa se convirtió en su presidente. Vive en Nueva York.
*Tomado del catálogo de la 57 Berlinale |
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Filmografía:
100 Centre Street TV-Series, (2001)
Inside TV-Film (1996)
Lumiere et Compagnie (1995)
The Portrait TV-Film (1993)
Penn and Teller Get Killed (1989)
Dead of Winter (1987)
Target (1985)
Four Friends (1981)
The Missouri Breaks (1976)
Night Moves (1975)
Visions of Eight (1973)
Little Big Man (1970)
Alice’s Restaurant (1969)
Flesh and Blood TV-Film (1968)
Bonnie and Clyde (1967)
The Chase (1966)
Mickey One (1965)
The Miracle Worker (1962)
The left-Handed Gun (1958)
Playhouse 90 (1957)
Goodyear Television Play House TV-Series (1955)
Producers Showcase TV-Series (1954),
Philco Television Play House TV-Series (1953)
Gulf Playhouse TV-Series (1953)
Philco Television Play House TV-Series (1948)
Arthur Penn
Durante las décadas de los sesenta y setenta, Arthur Penn fue una figura clave en el cine norteamericano. En ese entonces, los partidarios del medio comenzaron a abandonar el camino tradicional en busca de nuevos temas y maneras de retratarlos. Penn fue uno de los protagonistas de esta novedad cinematográfica. Sus películas se convertirían una crónica del otro Estados Unidos. Penn se interesó por las diferentes opciones de existencia de la clase media: pandillas de jóvenes criminales en The Left-Handed Gun y Bonnie and Clyde, pero también en la comuna hippie de Alice’s Restaurant. Todos representaban comunidades que ofrecían un refugio para los héroes adolescentes, quienes ya no eran capaces de encontrar su lugar en ninguna parte del mundo. Esta búsqueda por la identidad, y el uso de la violencia como forma de atraer atención, se volvió un tema central en el trabajo de Penn. Sus películas también demostraron el modo en que los ideales y los sueños son corrompidos por la realidad.
Penn también utilizó hechos históricos para mirar la realidad política y social del Estados Unidos contemporáneo. La masacre de los indios por la caballería del general Custer en Little Big Man le recordó a los críticos de cine la matanza de civiles vietnamitas a mano de los marines norteamericanos; el prisionero que es asesinado a un lado del sheriff en The Chase les recordó el homicidio del asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald; en la pareja gángster Bonnie and Clyde no viero tanto a los bandidos históricos de los treinta como a los miembros de una generación más joven, de los sesenta, quienes estaban desesperados por librarse del paternalismo –tanto a nivel del Estado como familiar–. Penn tuvo una consumada habilidad sismográfica para medir el humor político, social y cultural del momento; poseía una sensibilidad casi juvenil que le permitía capturar en sus películas el cambio y la agitación sociales.
ROBERT MULLER
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Bertrand Tavernier ha enriquecido el paisaje cinematográfico con una visión singular, un estilo marcado por vigor poético y un fino sentido de la subversión, así como una aguda comprensión de las sutilezas del carácter humano. Su trayectoria como escritor, productor y director revela una exploración profunda de las implicaciones éticas de la realización cinematográfica, un compromiso político permanente y la convicción de revivir capítulos de la historia francesa que han sido olvidados o reprimidos.
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Bertrand Tavernier
Bertrand Tavernier ha enriquecido el paisaje cinematográfico con una visión singular, un estilo marcado por vigor poético y un fino sentido de la subversión, así como una aguda comprensión de las sutilezas del carácter humano. Su trayectoria como escritor, productor y director revela una exploración profunda de las implicaciones éticas de la realización cinematográfica, un compromiso político permanente y la convicción de revivir capítulos de la historia francesa que han sido olvidados o reprimidos.
Un cinéfilo dedicado que comenzó su carrera como agente de prensa del legendario productor Georges de Beauregard, Tavernier llevó a cabo una extensa labor detrás de las cámaras: entrevistó a grandes maestros de la cinematografía, apoyó la labor de una nueva generación de cineastas,rescató del olvido obras clásicas del cine –ahoraconsagradas– y publicó regularmente ensayoscríticos sobre el temaantes de hacer su debutcomo realizador en Le baiser de Judas (1964).
Su filmografía, que abarca casi cinco décadas, aborda temas históricos y asuntos contemporáneos con la misma firmeza e intensidad. Tavernier utiliza y redefine los contornos del género, desafiando la narrativa convencional pero mostrando un enorme respeto por sus personajes. Estos son con frecuencia imperfectos, aunque siempre apasionados. Lo mismo si se trata de asomarse a la vida de un policía anti narcóticos en los bajos fondos de París, como en L.627 (1992), o seguir la lucha de un maestro por rehabilitar las escuelas de un barrio pobre en el contexto post industrial en Hoy empieza todo (1999), o hacer una oportuna reflexión sobre la televisión “reality” en Muerte en directo (Deathwatch, 1980), o explorar, con un enfoque revisionista, el ambiente represivo del cinematografía durante la Ocupación en Salvoconducto (2002). El cine de Tavernier avanza, a partir de dramas íntimos y aparentemente aislados, hacia un comentario revelador sobre los grandes males que acechan nuestra sociedad.
Logra una relación dialéctica entre el dilema personal de los personajes y el contexto político y social mediante su distintivo uso del cinemascope. Bajo su dirección, el cine se convierte en una genuina tecnología de la memoria con la cual inaugura una nueva relación con el pasado para desarrollar una conciencia crítica del presente. De este modo, abre el gran paréntesis de la existencia humana: aquello que no se dice, aquello que se exagera y de lo que se reniega.
Pero su devoción por el medio fílmico no termina en la pantalla. Su conocimiento enciclopédico del cine, evidente en la biblia para cinéfilos 50 Años de cine americano (escrita con Jean-Pierre Coursodon), asícomo el apoyo a jóvenes directores ysu participación activa en sociedades de autores para defender la integridad de las obras y la visión del director, son acciones que revelan un compromiso por preservar y promover la cultura cinematográfica, una función que lleva a cabo como director del Instituto Lumiere en Lyon.
Rindamos tributo a la generosidad de su espíritu y la relevancia de una obra sin paralelo por su eclecticismo, vitalidad y capacidad de asombrar.
MARA FORTES
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El cineasta Héctor Babenco siempre ha sentido afinidad por los marginados, las personas que han sido abandonadas o desposeídas, los criminales, los vagabundos y los presidiarios. Antes de comenzar a dirigir, pasó siete años viajando alrededor del mundo y trabajó como extra en varias producciones. En 1969 se asentó en Brasil, y desde entonces ha forjado una exitosa carrera: con más de diez largometrajes premiados a nivel internacional, es quizá el cineasta brasileño más destacado y versátil de la generación post cinema novo. Convencido del poder del cine para representar la realidad y abrir una dimensión ética desde la cual se pueden examinar los problemas que afligen a la sociedad actual, Babenco ha creado obras conmovedoras que retratan el sufrimiento y la perseverancia del ser humano.
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Filmografía:
El Pasado (2007)
Carandiru (2003)
Corazón iluminado (1998)
Brincando en los campos del Señor (1991)
Ironweed (1987)
El beso de la mujer araña (1985)
Pixote (1980)
Lucio Flavio (1977)
El rey de la noche (1975)
Héctor Babenco
El cineasta Héctor Babenco siempre ha sentido afinidad por los marginados, las personas que han sido abandonadas o desposeídas, los criminales, los vagabundos y los presidiarios. Antes de comenzar a dirigir, pasó siete años viajando alrededor del mundo y trabajó como extra en varias producciones. En 1969 se asentó en Brasil, y desde entonces ha forjado una exitosa carrera: con más de diez largometrajes premiados a nivel internacional, es quizá el cineasta brasileño más destacado y versátil de la generación post cinema novo. Convencido del poder del cine para representar la realidad y abrir una dimensión ética desde la cual se pueden examinar los problemas que afligen a la sociedad actual, Babenco ha creado obras conmovedoras que retratan el sufrimiento y la perseverancia del ser humano.
Sin presumir una agenda política y sin caer en el sentimentalismo, enfoca su cámara en los problemas que han devastado a las sociedades latinoamericanas –corrupción, violencia y desigualdad– creando personajes inolvidables que desafían una visión maniquea del mundo, que son producto de una sociedad que no les permite vivir, que sistemáticamente niega su existencia y los relega a los espacios más lúgubres del país. No importa si trabaja dentro del marco del cine documental o del cine narrativo clásico, Babenco siempre se las arregla para imbuir a sus imágenes de una cualidad testimonial. En la película Lucio Flavio (1977) fue el primer director en abordar el tema de los escuadrones de la muerte en Brasil. Cuatro años más tarde filmó Pixote, considerada una de las mejores cintas de la década de los ochenta y la película que le valió el reconocimiento mundial. Filmada en un estilo documental, la cinta retrata la brutalidad y violencia que acecha a los niños de Sao Paulo. Más tarde, Babenco realizó la exitosa película El beso de la mujer araña (1985), una extraordinaria adaptación de la novela de Manuel Puig que trata sobre la relación íntima y compleja entre dos prisioneros en una cárcel sudamericana. En 2003, volvió a explorar la vida en reclusión en Carandiru, una cinta épica que recrea las tensas condiciones en una penitenciaría de Sao Paulo en la década de los noventa. En su película más reciente, El pasado, Babenco nos presenta la historia de un hombre joven que se divorcia después de 12 años de matrimonio y, aunque intenta recomponer su vida, se encuentra permanentemente asediado por su ex mujer. Protagonizado por el multifacético Gael García Bernal, este filme marca una nueva y prometedora dirección en la trayectoria del talentoso realizador.
MARA FORTES
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Nos cautivó con su participación en la exitosa cinta Amores perros, luego se convirtió en una estrella internacional con Los diarios de motocicleta de Walter Salles, La mala educación de Pedro Almodóvar, y más recientemente con Babel, al lado de Brad Pitt y Cate Blanchett. Gael García Bernal es un actor ecléctico quien con la misma facilidad se cambia de sexo, acento, lenguaje y país, alternando entre Latinoamérica, Europa y Hollywood.
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Gael García Bernal
Nos cautivó con su participación en la exitosa cinta Amores perros, luego se convirtió en una estrella internacional con Los diarios de motocicleta de Walter Salles, La mala educación de Pedro Almodóvar, y más recientemente con Babel, al lado de Brad Pitt y Cate Blanchett. Gael García Bernal es un actor ecléctico quien con la misma facilidad se cambia de sexo, acento, lenguaje y país, alternando entre Latinoamérica, Europa y Hollywood. Recientemente ha decidido pasar al otro lado de la pantalla, fundando una compañía (con su cómplice Diego Luna) que produce (Drama/Mex), distribuye (El violín) y promueve el documental de tema social en México. Figura emblemática de su generación, Gael nuevamente nos demuestra su versatilidad y talento, esta vez como director en la cinta Déficit.
JEAN-CHRISTOPHE BERJON
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El escritor y director rumano Cristian Mungiu causó furor en el ámbito del cine mundial al obtener la Palma de Oro por su pelicula 4 meses, 3 semanas y 2 días en el Festival de Cannes este año. El máximo reconocimiento del certamen más importante de Europa representó un triunfo no sólo para este prodigioso cineasta, sino para su país, pues demostró, según lo afirmó el galardonado, que no se necesitan ni cantidades exorbitantes de dinero ni superestrellas para atraer la atención del público. A pesar de ser tan sólo el segundo largometraje de ficción de este joven realizador, el filme impone un estilo distintivo y Mungiu demuestra su habilidad para dirigir a sus actores.
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Cristian Mungiu
El escritor y director rumano Cristian Mungiu causó furor en el ámbito del cine mundial al obtener la Palma de Oro por su pelicula 4 meses, 3 semanas y 2 días en el Festival de Cannes este año. El máximo reconocimiento del certamen más importante de Europa representó un triunfo no sólo para este prodigioso cineasta, sino para su país, pues demostró, según lo afirmó el galardonado, que no se necesitan ni cantidades exorbitantes de dinero ni superestrellas para atraer la atención del público. A pesar de ser tan sólo el segundo largometraje de ficción de este joven realizador, el filme impone un estilo distintivo y Mungiu demuestra su habilidad para dirigir a sus actores.
Egresado de la escuela de cine de Bucarest, Mungiu comenzó su carrera como asistente de director en un sinnúmero de producciones, trabajando para cineastas de renombre como Bertrand Tavernier y Radu Mihaileanu. Desde entonces ha dirigido y producido varios cortometrajes y documentales, siempre con el propósito expreso de captar algún fragmento de su realidad, sea evocar un sentimiento, documentar un suceso histórico o registrar el ambiente social de su entorno. En su opera prima Occidente, cinta que también acaparó la atención de la crítica al presentarse durante la Quincena de Realizadores en el Festival de Cannes, abordó los temas de migración e identidad nacional. En 4 meses, 3 semanas y 2 días, Mungiu se adentra nuevamente en el tema de la identidad nacional, aunque esta vez lo hace desde un punto de vista mucho más intimista. La multipremiada cinta, cuyo título hace referencia al estado de embarazo de la protagonista, trata el tema del aborto en Rumania y su penalización durante el régimen comunista de Ceaucescu. Sin caer en el moralismo ni en la propaganda, Mungiu retrata el ambiente represivo de la Rumania de los años 80, siguiendo de cerca las terroríficas experiencias de dos mujeres. Las imágenes destacan por su realismo riguroso, abundan los planos secuencia y la iluminación casi natural. Mungiu opta por filmar exclusivamente en locaciones, y aprovecha el espacio fuera de cuadro para insinuar que la vida sigue su curso a pesar del rodaje de la cámara. Se trata de un cine intuitivo, donde se busca someter el ritmo de la película al ritmo de sus personajes.
Es un honor exhibir su película.
MARA FORTES
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Considerada la figura más atrevida y polémica de la nueva ola de directores mexicanos, Carlos Reygadas ha trazado, con tan sólo tres obras de su autoría, una dirección completamente nueva en el cine mexicano. Utilizando una cámara contemplativa y una pista sonora compleja, majestuosamente armada, logra evocar extrañas atmósferas y producir imágenes que penetran con una energía visceral.
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Carlos Reygadas
Considerada la figura más atrevida y polémica de la nueva ola de directores mexicanos, Carlos Reygadas ha trazado, con tan sólo tres obras de su autoría, una dirección completamente nueva en el cine mexicano. Utilizando una cámara contemplativa y una pista sonora compleja, majestuosamente armada, logra evocar extrañas atmósferas y producir imágenes que penetran con una energía visceral. Vistas espectaculares del campo mexicano y de la ciudad se intercalan con imágenes obscenas, pero a la vez estéticas, de cuerpos poco convencionales, involucrados en actos sexuales casi automáticos. La intimidad, destilada de la cruda coreografía de los cuerpos y del drama de las relaciones humanas, se proyecta sobre paisajes que, a través de movimientos calculados de la cámara, adquieren una especie de magnetismo espiritual.
Reygadas desecha los convencionalismos y las fórmulas narrativas para componer sus obras mediante una serie de situaciones. Los ambientes y los sentimientos sin rumbo proporcionan la sustancia de su discurso visual; sirven para proyectar un estado de ánimo sin ser necesariamente fieles a la línea narrativa. El resultado es una obra algo dispersa, enigmática, cuya fuerza surge precisamente de la aparente ausencia de justificación. Como espectador, uno no puede simplemente arrellanarse en la butaca, sino que debe permanecer a merced de la imagen. Reygadas se ha convertido en el gurú del los cineastas audaces, a la vez que ha seducido a críticos y públicos en todo el mundo, imponiendo un estilo ferozmente original.
MARA FORTES
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