Invitados 2007
Alejandro González Iñárritu
Alejandro González Iñárritu inauguró la nueva era del cine mexicano con su película, enormemente exitosa, Amores perros (2000). Esta es la primera de una trilogía muy ambiciosa que pretende captar la fragilidad humana mediante un discurso formal de gran complejidad visual y densidad argumental. Con ésta, su opera prima, Iñárritu abrió brecha al atreverse a situar su película en la monstruosa Ciudad de México del siglo XXI, inaugurando un nuevo género de cine urbano. El filme fue elogiado en todo el mundo y cautivó a públicos dentro y fuera de México. Revitalizó la industria fílmica mexicana y allanó el camino para otros actores y cineastas que labraron un nicho muy influyente en el cine mundial. Con una premisa muy sencilla —tres historias que giran alrededor de un trágico accidente— Iñárritu exploró la complejidad de las relaciones de clase, las familiares y de pareja, así como las aspiraciones mal encausadas, la culpa y la redención. Oponiendo la ideología a los poderes destructivos de lo incidental, Iñárritu reveló los prejuicios arraigados en la sociedad mexicana. El estilo narrativo característico de esta primera cinta con argumento no lineal, falta de continuidad espacial y temporal, situaciones vinculadas por sucesos aleatorios y una imponente imagen cinematográfica, también le sirvió para estructurar sus siguientes dos largometrajes.
Después del éxito de Amores perros, Iñárritu realizó 21 gramos, esta vez en inglés, en el marco de una industria fílmica totalmente distinta a la suya y con un elenco de Hollywood. En ésta, exploró más a fondo el tema del poder transformador que tiene un suceso trágico inesperado, logrando una obra de pura emotividad e intensidad dramática. Su película más reciente, la monumental Babel, lleva todavía más lejos la idea de la interconexión; en este caso, adquiere una escala global. Abarcando tres continentes, cuatro historias en cinco idiomas y un elenco estelar (Brad Pitt, Gael García Bernal y Cate Blanchett) al lado de actores no profesionales, el filme ilustra de manera brillante el efecto mariposa, a la vez que exhorta a trascender barreras políticas, geográficas y lingüísticas con el fin de reparar los estragos de la intolerancia y la guerra.
Cada una de las películas de Iñárritu funciona como un prisma que fragmenta el mundo que conocemos para ofrecer una visión privilegiada de la interrelación de las vidas y mirar de cerca lo mundano para efectuar un profundo análisis existencial. Diferentes ritmos, ángulos de cámara y emulsiones fotográficas se traducen en distintas perspectivas y diversas reacciones hacia lo catastrófico e inesperado. El principio que todo lo guía es la sinergia; los sucesos al azar crean pequeñas ondas de tragedia que se encuentran con inmensas olas de empatía y compasión.
En un mundo que parece cada vez más destinado a la fragmentación, enajenación y autodestrucción, es particularmente alentador ver a un cineasta que construye puentes de celuloide entre naciones donde otros levantan muros de concreto.
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