Todd Haynes es, sin duda, uno de los cineastas norteamericanos más audaces, creativos y talentosos de las últimas dos décadas. A principios de los años 90, escribió y dirigió Poison (1990), cinta inspirada en los textos de Jean Genet, la cual lo colocó como una de las figuras centrales del movimiento del "nuevo cine queer" (New Queer Cinema). Aunque, efectivamente, gran parte de su trabajo parte de una sensibilidad gay, no hay que subestimar ni sus ambiciones ni sus logros; es decir: Haynes no sólo es un "gran cineasta gay," es un "gran cineasta", punto. Encasillar al director resultaría injusto, pues como el cine de cualquier gran auteur, su obra es de enorme relevancia, amplio interés e importancia.
Las películas de Haynes destacan por su originalidad estilística y temática, así como por su espíritu provocador. En cada una, el director explora cómo las identidades y las vidas de los individuos se desarrollan, se atrofian o se reprimen a causa de presiones y prejuicios sociales; eso sí, siempre con su característico ingenio, rigor intelectual, conciencia política, sutileza formal y sofisticación dramática. Aunque trata temas serios en torno a nociones de normalidad, perversión, enfermedad, trasgresión y castigo, reflexionando sobre la política sexual, las estructuras sociales y otras fuerzas que influyen en nuestras vidas, se vale siempre de un lenguaje visual elocuente y sumamente entretenido. Haynes sabe cuándo hay que trabajar dentro de los límites del género tradicional, y cuándo se deben transgredir las convenciones; Safe y Lejos del cielo demuestran las ventajas de mantenerse fiel (en muchos, pero no todos los aspectos) a las "normas" del clásico melodrama hollywoodense, mientras que Poison, Vel vet Goldmine, y I'm Not There, al igual que sus cortometrajes, manipulan y trastornan las convenciones dramáticas y formales del género.
Pocos cineastas contemporáneos se han atrevido a explorar con tal perspicacia y sensibilidad estética la compleja relación entre nuestra identidad pública y privada, y entre lo personal y lo político. Los guiones de Haynes destacan por su ironía reveladora y ambigüedad provocadora. Su dirección es infinitamente versátil y audaz, en la manera de apropiarse de géneros cinematográficos, en el uso del color, en la edición y la composición. Haynes también demuestra ser un maestro de la alusión -trátese de referencias cinematográficas, musicales, literarias o históricas, las cuales hacen que su cine apunte constantemente a otras obras, que recupere otros significados, y que establezca circuitos de referencia que van más allá de la narrativa particular. En Lejos del cielo, se nota claramente la influencia de Douglas Sirk; no únicamente de Sólo el cielo lo sabe, sino también de Imitación a la vida y otras; también está la influencia de Fassbinder con Todos nos llamamos Alí. Velvet Goldmine, por su cuenta, nos recuerda a Bowie, Iggy, Lou Reed y Roxy Music entre otras figuras musicales, sin mencionar por supuesto al Ciudadano Kane, A Hard Day's Night, numerosos musicales y melodramas y los textos de Oscar Wilde.
Todas estas referencias parecerían superficiales o simplemente ingeniosas si las películas no se sostuvieran por sí mismas. Pero como afortunadamente no necesitamos ni notar ni comprender todas estas referencias, las películas destacan por sí solas. Cuando captamos algunas de las referencias, entonces las películas nos afectan en distintos niveles. Sin caer en la nostalgia, o presumir, Haynes utiliza el recurso de la alusión para enriquecer nuestra experiencia como espectadores, no sólo de su cine, sino de la relación que éste forja con tradiciones culturales y contextos históricos más extensos. De esta manera, se empeña en recordarnos lo que ya sucedió, para que así estemos mejor equipados para comprender dónde nos encontramos ahora y cómo es que llegamos a este punto. De ahí parte la fascinación con el pasado reciente y la manera idiosincrática de interpretarlo.
Al igual que el Dylan de I'm Not There, Haynes, el artista, aparenta tener también múltiples identidades. Basta sólo con apreciar la manera en la que operan sus películas, simultáneamente como historias que nos afectan a nivel emocional, y como comentarios irónicos y apartados que reflexionan sobre la calidad misma de ser artefactos cinematográficos. Esta dualidad se mantiene al lado del interés de Haynes por la distancia entre la "realidad" y la "apariencia' -brecha de enorme importancia particularmente en una época obsesionada con la farándula, el éxito, la celebridad y los medios. Una razón más por la cual Haynes es uno de los cineastas más fascinantes y gratificantes del cine contemporáneo.
por Geoff Andrew
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