Invitado Especial 2009
Quentin Tarantino
Quizá ningún otro cineasta en las últimas décadas
ha causado tal controversia o polarizado al público y a
la crítica como Quentin Tarantino. A mediados de los
años noventa, con tan sólo dos películas: Perros de reserva,
cinta que marcó un hito en el cine independiente norteamericano
cuando se estrenó en el festival de Sundance
en 1992, y Tiempos violentos, ganadora de la Palma de Oro
en 1994, Tarantino se convirtió en un verdadero autor
cinematográfico; ícono del cine posmoderno y maestro
del cine de transgresión. De ser un empleado de videoclub
aficionado al cine pasó a ser uno de los directores
más talentosos y reconocidos en el cine contemporáneo.
Esta es la leyenda de Tarantino que la prensa, sus
fanáticos y críticos nos han dado a conocer: aquel joven
cinéfilo que se educó principalmente en el cine y luego
en el video club Manhattan Beach Video Archives devorando
cuantas películas pudo; el cineasta audaz quien,
presumiendo un vasto conocimiento de historietas, novelas
policiacas y el cine de explotación, adoptó a la cultura
pop como marco de referencia y reinventó el cine
de culto; el polemista que no ha dejado de sacudir a su
público con la violencia que caracteriza tanto el estilo
como la temática de sus cintas.
Sin embargo, el “exceso” de violencia que tanto señalan
y condenan sus críticos define más bien la reacción y
el discurso en torno a Tarantino y no tanto el cine del
director. La violencia, para Tarantino, es cuestión de
estética, es algo que se presta fácilmente a lo cinematográfico
(como la danza) y es, a fin de cuentas, cuestión
de gusto. Pese a los reclamos ante el despliegue de violencia
explícita de su películas, esto no es lo más llamativo
de su cine; son más bien sus extraordinarios diálogos, sus personajes inolvidables, la exquisitez visual
y el ritmo de sus prodigiosas secuencias lo que sorprende.
Aunque, no cabe duda que su cine representa una
amenaza que sus detractores no pueden simplemente
atribuir a los desvaríos sensacionalistas de un cinéfilo
vuelto director superestrella.
Las películas de Tarantino son a la vez historias sobre personajes, sobre géneros, y sobre el cine. Es ésta la verdadera perversidad de su cine: el hecho de que viola constantemente nuestras expectativas, que logra producir violencia dentro de una estructura de comedia e incitar momentos de ternura e intimidad cuando menos lo esperamos. Así, la expresión del humanismo torpe pero genuino que socava el carácter de estos despiadados asesinos resulta de lo más perturbador. Son éstos momentos de patetismo insólito, y no la sangre que salpica o el estruendo de las balaceras, los que complican nuestra relación con la pantalla.
Éste es el otro Tarantino, el que resulta eclipsado por su reputación como el enfant terrible del cine y por la exaltación de su ingenio posmodernista: el brillante narrador, cuya facilidad para crear personajes y agudo sentido del ritmo y tiempo dotan su cine de esa fuerza visceral; el hombre que pasó seis años estudiando actuación con Allen Garfield y James Best para desarrollar esa extraordinaria capacidad para inventar mundos poblados por personajes excéntricos y sobre todo, para crear algunos de los personajes femeninos más poderosos y memorables del cine contemporáneo: La Novia (Uma Thurman) en Kill Bill, Jackie Brown (Pam Grier) y recientemente, Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) la heroína vengativa de Bastardos sin gloria. También está Tarantino, el exitoso guionista, que desobedeció todas las reglas de continuidad y estructura narrativa, y adaptó el estilo novelístico a la cinematografía (cita como influencias literarias a Elmore Leonard y J.D. Salinger), cambiando para siempre la manera de hacer cine. Finalmente, está el cinéfilo, cuyo conocimiento enciclopédico del cine destaca no sólo en la manera en la que sus cintas recuperan las aportaciones estilísticas de diversos cines (desde el cine clásico y el cine de arte hasta géneros menores), sino en su esfuerzo concreto por dar a conocer talentos del cine mundial a través de su distribuidora Rolling Thunder Pictures (la cual introdujo la obra de Wong Kar-Wai al público norteamericano). Aunque se le conozca como el gurú de la estética de bricolage, Tarantino no vive en el pasado: si recicla y distorsiona aspectos de sus géneros preferidos, lo hace para dar a conocer nuevas propuestas y redefinir las fronteras del cine contemporáneo. Mantiene la mirada fija en el futuro.
No es sorpresa que su cinta más reciente, Bastardos sin gloria, apenas a unas cuantas semanas de estrenarse con gran éxito, ya haya provocado fuertes reacciones. El simple hecho de ambientar la cinta durante la Segunda Guerra Mundial y atreverse a distorsionar éste género, el cuál tradicionalmente se ha enfocado en la situación de las víctimas, en un Western y fantasía de venganza, garantiza ofender ciertas sensibilidades. Hay quienes se escandalizarán ante la profanación de este episodio histórico; los cinéfilos puristas se horrorizaran ante la destrucción de miles de películas de nitrato. Pero también habrá quienes se reirán a carcajadas, junto con Shosanna Dreyfus (y con Tarantino), durante uno de los finales más irreverentes y espectaculares en la historia del cine: una secuencia que literaliza el poder del cine para convertirse en algo más: ya sea un arma de destrucción masiva que puede aniquilar a los nazis, poner fin a una guerra mundial o...
Mara Fortes.
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- 2009 | Inglourious Basterds
- 2007 | Death Proof (Grindhouse)
- 2005 | Sin City (director invitado especial)
- 2004 | Kill Bill: Vol. 2
- 2003 | Kill Bill: Vol. 1
- 1997 | Jackie Brown
- 1995 | Four Rooms (segmento The Man from Hollywood)
- 1994 | Pulp Fiction
- 1992 | Reservoir Dogs
- 1987 | My Best Friend’s Birthday (cm)

























