05 · 02 · 26 Gerardo Taracena (1970-2026): DE IDA Y VUELTA y VOLANDO BAJO Compartir en twitter Compartir en facebook Compartir con correo Copiar al portapapeles Rafael Aviña Sin duda, uno de los rostros y talentos histriónicos más destacables del cine mexicano contemporáneo fue el del bailarín y notable actor de teatro, cine y televisión Gerardo Taracena (1970-2026) cuyo reciente fallecimiento dejó dolido y sorprendido al gremio fílmico y teatral. Ganador del Premio Ariel a Mejor Coactuación Masculina por su excepcional papel de guerrillero urbano en El violín (2006), galardón al que fuera nominado de nuevo por Potosí (2012) y La carga (2015), Taracena estudió Arte dramático en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM y debutó en la pantalla con La hija del puma (1994), seguida de Un hilito de sangre (1995). A partir de entonces mantuvo una carrera ascendente ejecutando todo tipo de personajes; varios de ellos adecuados a su semblante tan característico, lo que daría pie a aquel extraordinario papel de “Ojo medio” bajo las órdenes de Mel Gibson en la impactante producción estadunidense Apocalypto (2006). Gerardo Taracena Taracena destacó en decenas de filmes más: Sin nombre, El infierno, Crónicas chilangas, Deseo, Salvando al soldado Pérez, Atrapen al gringo, Casa Caracol, o en series como: La reina del sur o Narcos México, no obstante, tuvo algunos protagónicos en películas valiosas y muy dignas que pasaron inadvertidas en su momento como es el caso de De ida y vuelta (2000), del debutante Salvador Aguirre, y Volando bajo (2013), de Beto Gómez. En la primera, se narra la historia de Filiberto (Taracena, estupendo), joven indígena que regresa a su pueblo natal en Tzurimicuaro, Michoacán, luego de una estancia de tres años en los Estados Unidos. Un renegado que ha perdido su identidad cultural y anímica y que termina por traicionar sus raíces y sus valores en un filme emotivo, angustiante e inteligente realizado con garra.Se trataba de un relato entrañable y amargo al mismo tiempo, a medio camino entre la crónica rural migratoria y la tragedia de un antihéroe que ha vivido a cuestas con la desesperanza, como metáfora de los miles de provincianos que emigran a la tierra del dólar y cuyo espejismo es la novia que ha dejado atrás y que encuentra casada con su mejor amigo, una camioneta pickup de la que aún no es dueño y una televisión que nunca se enciende como regalo a la madre que ha muerto meses atrás.Una trama emocional cuyo personaje se deja vencer por la ambición y ante ello, la única realidad posible es el camino de ida y vuelta y que ejecutaba una crítica a la burocracia ejidal y a los problemas del campo y la migración. De ida y vuelta apostaba por un hiperrealismo sin esperanza, un círculo vicioso de desarraigo y nula pertenencia que mostró el excepcional talento de una figura en ciernes como lo era entonces Taracena.Volando bajo, por su parte, era una comedia sensible y agridulce que dejó entrever un matiz muy distinto a los papeles a los que en breve intentarían encasillar a un actor de diversos registros como Gerardo Taracena.Los años setenta y ochenta fueron los de la creación de una industria alternativa que explotó en extremo subgéneros como el cine de narcos, judiciales y mojados, catapultó el videhome y llevó al estrellato a los hermanos Almada, Gerardo Reyes, Cornelio Reyna, Rigo Tovar y otras figuras populares de la música de ese momento. Con esa idea, mucho conocimiento de causa y un enorme respeto y nostalgia, Beto Gómez y su coguionista Francisco Payó, construyeron un melancólico divertimento que rendía tributo a ese México ingenuo: el de Notitas Musicales y de cantantes y agrupaciones como los Yonics, Juanelo, La Tropa Loca, Los Solitarios y otros más, en la historia de dos amigos inseparables: Chuyin Venegas (Taracena) y Cornelio Barraza (Rodrigo Oviedo), “Los Jilgueros de Rosarito”, que triunfan de forma arrolladora y dejan atrás sus orígenes humildes. Volando bajo (2014, dir. Beto Gómez) Volando bajo resultó una eficaz comedia y drama de amistad y superación al estilo de Nace una estrella (1976), Boogie Nights (1997) o Muertos de risa (1999) a la mexicana. Ello, a través de un falso documental, entrevistas televisivas, risibles videoclips de la época y los recuerdos de Chuyin, desde su mansión parisina, donde rememora su precaria y feliz infancia con Cornelio y su abuelo (Rafael Inclán) en Baja California y su paso por la música y el cine, con un registro histriónico excepcional de Gerardo Taracena, un actor que hoy nos abandona. Descanse en paz.