18 · 10 · 26 Una exploración de la relación humana con el espacio: entrevista con Mariano Rentería, director de ODISEA NACIONAL Compartir en twitter Compartir en facebook Compartir con correo Copiar al portapapeles Cuando pensamos en un lugar, vienen a nuestra mente diversas sensaciones: una emoción, un olor, una sensación térmica o un sonido. Estas conexiones ocurren de una manera inconsciente y están relacionadas con el espacio que nos rodea. Mariano Rentería explora en su nueva película, Odisea nacional, las distintas formas en que podemos relacionarnos con el espacio.Tuvimos la oportunidad de dialogar con el realizador moreliano en el marco del 24° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) sobre su visión e interés para realizar este documental. Odisea nacional (2026) de Mariano Rentería FICM: Al ver la película, pensé mucho en la clásica referencia cinematográfica para presentar la ciudad de Nueva York: los rascacielos al amanecer mientras suena Rhapsody in Blue de George Gershwin. ¿Buscabas una exploración sinfónica de la arquitectura? Da la impresión de que la película es una especie de obra de arte total donde dialogan la imagen, el sonido y el espacio.Mariano Rentería: Sí, totalmente, es muy atinada tu observación. En general, la intención de la película era buscar una estructura similar a un baile o una danza. Concebí esa estructura como un vals donde la cámara flota y vuela por los lugares; pareciera que los espacios se vinculan a pesar de no tener nada que ver entre sí. Por eso me interesó iniciarla de esa manera, para establecer desde el principio que vamos a ver algo en constante movimiento, que no está fijo. Además, era importante plantear la maquinaria humana, estos ensambles de personas que se organizan para construir algo, lo cual es la base del diseño arquitectónico y de todas las cosas que están a nuestro alrededor. Me da gusto que hayas sentido esa cualidad dancística, era muy importante plantearla desde el inicio.FICM: Cuéntame un poco más acerca del proceso de la música. Entiendo que Diego Lozano estuvo a cargo. ¿Qué tanto fuiste partícipe en el desarrollo musical, o dejaste que él la desarrollara por completo?Mariano Rentería: La película cuenta con la música original de Diego Lozano, pero también hay tres piezas de referencia que yo tenía muy presentes en la cabeza: una de Ravel, otra de Murcof y una más de un saxofonista inglés, Benedict Hesketh. Estas tres piezas, junto con la composición de Diego, acompañan la película constantemente y son su base.Trabajé con Diego a partir de referencias específicas. Soy muy melómano y disfruto todo tipo de música; me gusta esta idea de coleccionarla. En mi catálogo personal había piezas que me remitían a mi proyecto anterior y las usamos como punto de partida. Diego identificó la serie de instrumentos que tenían estas piezas y sobre eso empezó a componer. Todo tuvo mucho que ver con la sonoridad de cada instrumento: arpas, pianos desafinados, sintetizadores muy específicos de los años setenta y ochenta. Él fue consiguiendo y trabajando sobre esa base para darle a la música la textura, el color y la diversidad que requieren los distintos espacios y temas que recorre la película.FICM: Ahora que mencionas los espacios, pensaba también en la forma en que esta obra dialoga con inquietudes presentes en trabajos anteriores tuyos, donde se exploraba la relación de las personas con los cines de Morelia que ya no están. ¿De dónde viene tu interés por el espacio físico y por cómo condiciona las relaciones sociales?Mariano Rentería: El interés por el espacio empezó por un lado más etéreo o espiritual; es la misma sensación que te puede generar estar en contacto con lo divino o con lo sublime en el arte. A partir de ahí comencé a investigar. Hay un libro que se llama Atmósferas de Peter Zumthor que aborda cómo el espacio nos relaciona con una sensación casi existencialista. Sin embargo, me di cuenta de que el espacio no solo nos presenta esta sensación, sino que nos determina y nos constituye psicológicamente.En la película aparece una secuencia con fotografías de macroconstrucciones masivas de casas en serie. Estos programas sociales, construidos a las afueras de las ciudades y totalmente aislados, tienen una afectación psicológica y social directa en quienes los habitan. Estas cuestiones se fueron sumando a mi idea mística inicial. La película mantiene esa cosa etérea en torno al espacio, pero agrega otras dimensiones: la social, la artística, la de identidad e incluso la militar. Habla de las estructuras jerárquicas o geométricas, como el diseño de una mezquita, cuya función arquitectónica es conectar al creyente con la idea de Dios. Todo esto no es gratuito, está pensado por un humano para conectar con ideas muy profundas.FICM: Finalmente, Mariano, ¿qué esperarías que se llevará el espectador después de recorrer estos espacios a través de tu cámara?Mariano Rentería: Esperaría que fuera un encuentro con la observación. Me gustaría que la gente salga de ver la película con un interés renovado por mirar su entorno, observarlo con mayor atención y sentirlo. También espero que sirva para separarnos un poco de lo que hoy nos inunda a todos: la desconexión provocada por las redes sociales, el internet y la inmediatez digital. Siento que cada vez nos alejan más de una observación profunda o sensible de nuestra realidad. Me gustaría que el espectador pudiera reconectar con lo cotidiano, con aquello que normalmente no miramos, y que la película lo invite a la pausa y a dejarse llevar por el flujo del tiempo.