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Entrevista con Adriana Domínguez, directora de ADOLFO DOMÍNGUEZ: EL ECO DE OTRAS VOCES

En Adolfo Domínguez: El eco de otras voces, Adriana Domínguez se acerca a la vida de su padre para descubrir no solo al diseñador, sino también al hombre, sus recuerdos y las experiencias que han marcado su historia. A través de una mirada íntima, la directora explora los orígenes de una trayectoria poco convencional: la de un joven que salió de un pueblo gallego en la posguerra española para construir una carrera con reconocimiento internacional.

Presentada en el 24° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), la película también es una reflexión sobre los vínculos familiares, la memoria y el legado que pasa de una generación a otra. Conversamos con Adriana Domínguez sobre el proceso de llevar esta historia al cine, su relación con la creación artística y los aprendizajes que ha encontrado tanto detrás de la cámara como al frente de la firma familiar.

Adriana Domínguez

FICM: ¿Qué te impulsó a realizar un documental tan íntimo sobre la vida de tu padre?

Adriana Domínguez: Creo que fue descubrir que mi padre es una persona muy interesante, con una vida poco común. Es diseñador de moda y, por lo general, quienes se dedican a esta profesión surgen de grandes ciudades como Nueva York, Londres o París. El hecho de que él haya construido una carrera internacional tan importante desde un pueblo gallego, en el campo, durante los años cincuenta y en la posguerra española, me parece inspirador para quienes quieren emprender algo difícil en sus vidas.

FICM: En el documental descubrimos qué hay detrás de una figura que conocemos principalmente a través de la moda y de una firma. ¿Qué descubriste de ti misma al reconstruir la historia de Adolfo Domínguez, más allá del diseñador y de la figura paterna?

AD: Quizá el descubrimiento estuvo relacionado con el propio título de la película: El eco de otras voces. El documental no tuvo nombre hasta el final. Hubo un momento en el que decidí dónde colocar la escena climática, cerca del desenlace, en la que mi padre habla de su propio padre. Es una conversación que nunca había tenido con él, porque todas las familias tienen ciertos temas que se convierten en tabú y que nadie quiere tocar. Nunca habíamos hablado de eso, ni antes ni después de aquel día.

En esa conversación, una frase que él pronuncia me pareció clave para comprenderlo todo: «El eco de otras voces». A partir de ahí también descubrí algo sobre mí misma. Soy la tercera generación al frente de la empresa y creo que, en cierto sentido, la vida está hecha de legados.

Adolfo Domínguez: El eco de otras voces (2024, dir. Adriana Domínguez)

FICM: Tu trayectoria como artista y empresaria es poco convencional en el mundo de los negocios. Tienes una formación humanística, has incursionado en distintas disciplinas artísticas y ahora debutas como directora de cine. ¿Cómo se dio esa transición de dirigir una empresa de moda a realizar un documental sobre una figura tan compleja y cercana como tu padre?

AD: He nacido en una familia artística y creativa. Con el tiempo, también he descubierto que dirigir una empresa es, en muchos sentidos, una actividad creativa y artística, especialmente cuando se trata de una firma de moda.

El cine ha estado presente en mi vida desde siempre. Mi padre era muy cinéfilo y me mandaba a ver películas que quizá no eran las más apropiadas para mi edad cuando tenía diez años. Crecí en un entorno donde se veía mucho cine y, por eso, hay pocas películas clásicas que no haya visto. Para mí, dirigir una película no resulta tan extraño, aunque entiendo que desde fuera pueda parecer algo inesperado.

FICM: ¿Consideras que esa libertad creativa también es una de las enseñanzas más importantes que has recibido de tu padre?

AD: Sin duda. Una de las grandes lecciones de vida que me ha dado, no tanto por lo que me ha dicho, sino por lo que he visto en casa, es su libertad. Es una persona que no se detiene porque algo no se haya hecho antes o porque otros no se atrevan a hacerlo. Creo que, por eso, nunca tuve demasiada conciencia de lo inusual que podía resultar dirigir esta película. A mí me parecía algo bastante natural. Después, al escuchar preguntas como esta, me doy cuenta de que quizá no lo era tanto.

FICM: A lo largo de la investigación y las conversaciones con tu padre, ¿hubo algún descubrimiento que te impactara especialmente?

AD: Creo que este documental es el resultado de toda una vida conociendo a mi padre, no de una conversación en particular. Sin embargo, una de las experiencias más recientes que me ha llevado a reflexionar sobre él ha sido dirigir la empresa.

Llevo nueve años al frente de ella, mientras que mi padre estuvo durante cuarenta años o más. Esa experiencia me ha enfrentado a dificultades que me han hecho crecer como persona y me ha permitido comprender algunas de las decisiones que tomó a lo largo de su trayectoria. Decisiones que quizá fueron difíciles, poco populares o que incluso generaron desacuerdos con otras personas y con su propia familia. Todo esto me ha dado una perspectiva distinta para conocerlo.

FICM: ¿Qué te gustaría que el público joven de Morelia se llevara consigo después de ver la película?

AD: Me gustaría que el documental funcionara como un espejo para otras personas con sensibilidad artística, que disfrutan de la belleza, que buscan una vida ética y que quieren luchar por proyectos que valgan la pena, aunque sepan que el camino no será fácil.

Espero que la película sea una especie de prueba de vida: una muestra de que otras personas han recorrido caminos similares antes y de que podemos aprender de sus experiencias, de los rasgos de su personalidad y de las circunstancias de su historia que les permitieron emprender proyectos tan ambiciosos.

Mi deseo es que eso anime a otras personas a iniciar sus propias aventuras y a perseguir grandes proyectos, porque las empresas más difíciles y ambiciosas son también las que necesitan mayor apoyo.

FICM: Para terminar, ¿qué te ha parecido el Festival Internacional de Cine de Morelia y tu visita a la ciudad?

AD: Estoy enamorada de esta ciudad. Me parece que el festival está increíblemente bien organizado y tengo muchas ganas de seguir descubriéndolo. Mi verdadero acercamiento comienza esta tarde, así que todavía tengo mucho por conocer.

Estoy segura de que volveré a Morelia y qué bonito hacerlo con motivo del festival, porque así podré ver mucho más cine del que habitualmente tengo oportunidad de disfrutar. Además, tener tantas películas concentradas en un mismo día provoca una especie de empacho cinematográfico, ¿verdad?